La finalización del conflicto de los años 80 y el inicio de las tareas conducentes al desarme, la reconciliación y la paz tuvieron la presencia y participación decidida de la Organización de los Estados Americanos en Nicaragua. El proceso electoral en 1990, que abriera la posibilidad de la paz en este país, posibilitó la primera misión de observación y el inicio de un trabajo de apoyo institucional a las democracias americanas que ha merecido reconocimiento en todo el continente. Todos y cada uno de los procesos electorales ens Nicaragua desde 1990 han contado con el apoyo de misiones especiales de la Secretaría General.
El apoyo a la desmovilización de la ex Resistencia Nicaragüense mediante la misión CIAV y las labores que de su mandato se fueron derivando a fin de acompañar la construcción de la paz, marcan una de las experiencias más valiosas en este campo, cuyas lecciones han sido tomadas como marco de referencia para posteriores procesos de pacificación en toda la región. Especialmente desde 1990 ha sido permanente y decidido el apoyo de la OEA a todo el proceso que los nicaragüenses han venido realizando a fin de consolidar la paz, la reconciliación nacional y fortalecer, poco a poco, las instituciones democráticas.
Una vez superados los problemas más graves de la pos guerra, la OEA ha desarrollado programas de apoyo dirigidos especialmente a la población y las áreas del país más afectadas por las secuelas del conflicto, la pobreza y la debilidad institucional. Los principios generales de la organización y el posterior mandato de las cumbres americanas, no sólo fortalecieron el papel de la OEA en el Continente, sino que la cargaron con mayores y más pesadas responsabilidades. La democracia, la paz, los derechos humanos, la lucha contra la pobreza y el fortalecimiento de la justicia, figuran entre los temas de mayor relevancia.
En Nicaragua esos principios y ese mandato de las cumbres adquieren importancia práctica a través de programas que se ejecutan con las instituciones gubernamentales y con la población civil. Para ello, ha sido imprescindible el aporte de la cooperación internacional que ha confiado la ejecución de programas y de fondos solidarios para atender las prioridades en la difícil transición de la guerra a la paz. Estados Unidos, Suecia, La Unión Europea, entre otros.
Adquiere relevancia especial el programa destinado al desminado humanitario que la OEA lidera en Centroamérica y que en Nicaragua ha conformado un modelo de reconocimiento mundial. El Programa de Colaboración Técnica implementado desde 1997, ha apoyado la conformación de una red social de participación comunitaria en la zona central y norte del país, cuyo resultado son las Comisiones de Paz, los Auxiliares de Alcalde y los Facilitadotes Judiciales Rurales. Tres experiencias únicas por su contenido y proyección que permiten a Nicaragua contar con una propuesta efectiva y de enorme participación social en la vigilancia de los derechos humanos, la conformación de los gobiernos locales y la administración de justicia.
Uno de los componentes citados, el de justicia, ya conforma desde fines del 2002 un programa independiente que tiene como objetivo fortalecer su administración en 50 municipios rurales, mediante la formación y capacitación de 500 facilitadores judiciales.
Como resultado de una respuesta inmediata y solidaria a los efectos devastadores del huracán Mitch, desde fines de 1998 se desarrollaron acciones de gran impacto: El programa de Reconstrucción Solidaria de la Vivienda y el Programa Hijos del Río. Ambas experiencias constituyen metodologías prácticas para enfrentar y superar la pobreza extrema mediante la participación organizada de las poblaciones más afectadas. Especialmente las comunidades indígenas. El esfuerzo por llevar a la práctica los principios que constituyen la razón de ser de la OEA ha conformado, desde 1990, una experiencia valiosa construida junto al pueblo nicaragüense y sus instituciones.
Esta experiencia muestra que no sólo es necesario proclamar la democracia, los derechos humanos y la justicia, sino que hoy, más que nunca, es necesario ponerse a trabajar por ellos, pasando de la retórica a la acción y construyendo, junto a las comunidades más desprotegidas, el camino para hacer posible su vigencia. Dos nuevas iniciativas están siendo coordinadas con las autoridades nacionales. Una de ellas es la continuidad del apoyo a las comunidades indígenas de los ríos Coco, Bocay y Lakus, especialmente en lo referente a educación. La segunda iniciativa apunta a la ampliación de la red de comisiones de paz y auxiliares de alcalde sobre los municipios del Triangulo Minero, la Cruz del Río Grande y el Tortuguero, tal vez las áreas más desprotegidas y pobres del territorio.
Ambas propuestas refuerzan el compromiso de la OEA con los temas relevantes y urgentes del país en un estilo de cooperación que no reemplaza al estado, sino que promueve su presencia y fortalecimiento especialmente en aquellas áreas con mayores dificultades de comunicación. Todos los esfuerzos descritos y por lo tanto los programas que se desarrollan especialmente en las áreas rurales de Nicaragua bajo la bandera de la OEA, están inspirados en estos principios. Todos guardan una coherencia con los problemas básicos de los sectores sociales más afectados por la pobreza y el desamparo. Cada uno de ellos apunta a sumar un esfuerzo y una metodología que, basada en la participación activa de los hombres y mujeres del campo, haga efectiva la práctica de la democracia, los derechos humanos, la justicia y la lucha contra la pobreza. |